Madrid, 4 de junio del 2015.-  En el Capítulo 80 de esta bitácora puse el acento en la cruda batalla dialéctica entre 2 Directores de un periódico: Pedro J.Ramírez y Casimiro García Abadillo. Ambos reivindicaban su “autoritas” en la plaza pública, sin importarles la opinión de sus lectores, ni el efecto sobre sus respectivas carreras profesionales. Hoy, ambos espadachines tienen nuevas tarjetas de visita sin la mención a: Director El Mundo. 

A día de hoy, David Jiménez, @david.jimenezTW, es el Director del segundo periódico más importante en España. Y su primera carta dominical ha sido una autocrítica para la profesión periodística. Sin duda, inaudito, inesperado y, a la vez, brillante. En concreto, sus palabras han sido las siguientes:

El día que llegué a EL MUNDO tras ser nombrado su nuevo director tuve problemas para que me dejaran entrar. Había olvidado mi DNI y los guardias de seguridad no me ponían cara, tras años trabajando lejos de la redacción, desde Kabul, Pekín o Ulan Bator. Pensé en pavonearme cual político -“no sabe usted con quién está hablando”- y jurar que efectivamente era el nuevo director, pero habrían llamado a los servicios sociales. Al contarle la anécdota a mis compañeros, una vez superados los obstáculos de acceso, les dije lo bueno que sería que en adelante los guardias de seguridad me pararan cada día en la entrada para preguntarme quién soy. Y sobre todo, a qué vengo. La respuesta que voy dando por ahí es que regreso a la redacción donde empezó todo para mí con la idea de hacer periodismo, nada más. Pero me está costando encontrar alguien que me crea. “Hay demasiados intereses y no te van a dejar”, me dicen.

Tan pobres expectativas serían de agradecer -es mejor ir al último estreno sin albergar demasiadas- si no reflejaran el profundo desencanto que una parte de la sociedad siente hacia la prensa. Que los periodistas seamos los últimos en reconocerlo puede explicarse por las contradicciones de nuestro oficio: nos pasamos el día criticando lo que hacen los demás, sean políticos o cocineros, pero nos cuesta enormemente hacerlo con nuestro propio trabajo. Señalamos con el dedo a los culpables de la decadencia que ha vivido este país, sin preguntarnos si tenemos alguna responsabilidad en lo ocurrido. Pedimos a partidos e instituciones regeneración, sin plantearnos si deberíamos aplicarnos la medicina que tanto recetamos a los demás. La prensa se durmió en la garita del sistema que había prometido vigilar

Las causas de nuestra pérdida de credibilidad pueden encontrarse en las hemerotecas. O, mejor dicho: en lo que no se puede encontrar en ellas. Durante tres décadas, los medios de comunicación ofrecimos inmunidad informativa a la Monarquía, perjudicando en el camino a la institución que queríamos defender al enviar a sus miembros de moral más endeble la señal de que siempre miraríamos a otro lado. En otras ocasiones, pusimos nuestros intereses por encima de los de nuestros lectores, quizás nunca con tanto descaro como en los años de las conocidas como guerras mediáticas. Era cuestión de tiempo que nos durmiéramos en la garita de ese sistema que habíamos prometido vigilar y que lo hiciéramos en el peor de los momentos, en vísperas de la mayor crisis económica de la Democracia. ¿Cuánto dinero habrían ahorrado los contribuyentes si hubiéramos investigado a las cajas de ahorro y sometido a sus directivos a las preguntas pertinentes, antes de que fuera demasiado tarde?. Cuando preguntemos, denunciemos o investiguemos, será en nombre del lector

Mientras los herederos de la Transición convertían el país en una inmensa agencia de colocación para sus afines, las instituciones se gangrenaban y los partidos políticos que debían defender el Estado de Derecho se aprovechaban de él, en ese viaje hacia la irresponsabilidad colectiva, cuya factura terminó siendo pagada por los de siempre, los que trabajamos en prensa pudimos hacerlo mejor. Admitirlo no emborrona lo mucho que se hizo bien ni resta méritos a periódicos que, como EL MUNDO, han mostrado desde su nacimiento un gran coraje periodístico y determinación en la defensa de la democracia y la libertad, con mis predecesores, Pedro J. Ramírez y Casimiro García-Abadillo, al frente.

Pero, de la misma forma que una parte cada vez más importante de la sociedad reclama una nueva forma de hacer política o negocios, el momento es propicio para que también el periodismo español renueve su compromiso, en mi caso con los lectores de EL MUNDO. Cuando hagamos una pregunta incómoda a un político, la haremos en su nombre; cuando denunciemos la corrupción o los abusos del poder, lo haremos en su nombre; cuando pidamos medidas de regeneración -no nos cansaremos de hacerlo-, lo haremos en su nombre; y cuando nos equivoquemos, será porque, también en su nombre, busquemos la verdad. Sin militancias ni sectarismos. Defendiendo principios y no partidos. Sin intenciones políticas propias ni de terceros. Con independencia y sin resentimiento, no sólo porque España ya acumula suficiente de esto último, sino porque Kapuscinski tenía razón cuando decía que nuestra labor no consiste en pisar las cucarachas -no somos jueces ni policías-, sino “en prender la luz para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”.

revista tender

El papel del periodista, el periodismo, las empresas periodísticas, y las carreras de Periodismo, lo veremos en los próximo 10-20 años. El papel desaparecerá como encofrado de exclusivas e información. La profunda transformación digital que disfrutamos hoy será, cada segundo más intensa y profunda. Me aventuro a mirar la bola de cristal:

  • El periodista de hoy es uno más en la recolección y transmisión de información, así como generador de opinión, recomendaciones o influencia. Hace 15-20 años los medios de comunicación tenían esta exclusiva. Hoy un ciudadano a un metro de un gran suceso puede retransmitir en tiempo real (vídeo, audio, fotos y texto) lo que esta ocurriendo. Al periodista le quedará explicar el por qué ha acontecido este suceso y sus consecuencias. El concepto “última hora” es propiedad de cada ser humano con un móvil y una conexión a internet. 
  • El periodismo de análisis, exclusivas, explicativo y constructor de conocimiento es necesario en cualquier sociedad, en cualquier momento histórico. La verdad siempre es esquiva y tener un imán para acercarnos a ella siempre será imprescindible.  Un ejemplo, el maravilloso grafismo de esta portada: 

portada Der Spiegel

  • Las empresas periodísticas han demostrado que en momentos de bonanza económica su modelo de negocio es rentable. Pero en momentos de recesión económica no tienes agilidad, ni cintura para buscar su reciclaje. Su única gestión ha sido desprenderse de miles de periodistas, de capital humano lleno de talento. Esta será la arena que acompañe sus lápidas. 
  • Las Carreras de Periodismo pueden desaparecer porque esta profesión, este oficio, no se aprende en una Universidad, sino en el día a día de una Redacción profesional. Si escribes sobre economía quizás te convenga saber lo que es la Bolsa, la Macroeconomía, la Micro, qué es una empresa, qué es la UE. Si escribes sobre Deportes, quizás te vendrá bien un Master de Gestión Deportiva y contactos entre los atletas VIP. 

Cada vez que una marca lanza un producto o un servicio y no lo vende lo retira del mercado. Tarde o temprano ocurrirá lo mismo con los periódicos que no vendan, las revistas que no se compran, los programas de radio que no se escuchan, los espacio de televisión que nadie comenta. Cada uno de nosotros-as consumiremos según nuestro lugar de nacimiento, cultura, familia, amigos, trabajo, etc. Cada uno-a….y somos 7.000 millones de personas. 

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