Madrid, 23 de junio del 2014.-  El brillante gurú digital, Brian Solis, fue uno de los primeros en utilizar el concepto: “engagement” aplicado a las comunidades digitales. Su traducción al castellano nunca ha sido fácil, pero me atrevo a denominarlo: “pegamento”. La economía digital que disfrutamos desde la creación de Internet  (1969) nos permite generar grupos de personas, alrededor de nuestra vida personal y profesional. De cada uno de nosotros depende la calidad del pegamento con ese conjunto de personas. Habrá seres humanos que se acercarán a tu perfil y se irán rápidamente (ojo con esta tasa de rebote). Otros se acercarán, llamarán a la puerta y si les interesa entrarán en tu vida. Cada persona guarda los intereses con sus contemporáneos. En cualquier caso, el engagement, el pegamento no se compra. 

Cuando fuiste a la guardería, colegio, instituto, FP, Universidad…nadie te compró el grupo de amigos-as que reuniste en cada una de estas fases educativas. Tampoco compraste los amigos-as de tus primeros empleos. El contacto con cada uno de estos grupos ha dependido de varios factores, pero entre los más relevantes, tu esfuerzo en generar el “pegamento” necesario. 

Ponme mil seguidores de TW, 500 contactos en IN, 500 fans en FB y 100 en Instagram

El recurso de comprar comunidades digitales en redes sociales es sólo un recurso “tirita”. Perjudicial, en cualquier caso y circunstancia, para tu reputación personal o corporativa. Internet es transparencia y usuarios inteligentemente informados. Si soy famoso-a y compro una comunidad digital en 24 horas o en 24 días, alguno de tus fans, siempre, se percatará, lo publicará y te pondrá en evidencia. La reputación digital de un famoso-a se basa en su reputación personal, acumulada en sus años de existencia. Si Pepito Pérez, gran cantante de la música Pop, tiene 2 millones de seguidores en TW, pero sus conciertos en directo son un horror, ¿de qué le servirá dicha comunidad digital?. Quizás, para ponerse en su contra, y sufrir una crisis on line que ensombrezca su carrera profesional. Otro ejemplo. Amadeo Gutiérrez es arquitecto y se ha visto en la necesidad imperiosa de tener miles y miles de seguidores en varias redes sociales. Para evitar estrategias, tácticas y tiempo, los compra. De la noche a la mañana comienza a presumir de dicha adquisición. Sin embargo, a los quince días un puente que construyó en Berlín se derrumba por un temporal. Seis meses después un edificio singular que construyó con un innovador material se cae a trozos. Amadeo Gutiérrez tiene miles de seguidores digitales, pero tras un año de hacer mal su trabajo, su estudio lo despide. Lógicamente, son ejemplos extremos, sin parecido a la realidad…o sí. 

Facebook nace en el año 2004, tan sólo han transcurrido 10 años, pero parece que hemos vivido 100 años. El éxito de esta herramienta digital se ha intentado copiar por sus competidores, con mejor o peor suerte. Han nacido infinidad de redes sociales, personales y profesionales, para organizar nuestro tarjetero, nuestra forma de compartir textos, fotos, vídeos, nuestra forma de recomendar, informarnos, opinar. La conjunción de Internet, redes sociales, y dispositivos informáticos (móvil, tableta, portátil y sobremesa) es inaudita, histórica y maravillosa. 

Sin embargo, endiosar lo digital por encima de la vida real es un globlo. Y la reputación es un camino muy largo. Tu nombre se puede llegar a convertir en marca. Tu currículo va aumentando…pero este globo desaparece con un simple pinchazo. Y los pinchazos digitales son extremadamente sensibles a modas, corrientes de opinión, tendencias juveniles, estados de ánimo colectivos, etc. Bendito el día en el que las redes sociales eliminen los contadores de seguidores. Se iniciará así una nueva etapa, la maduración necesaria para asimilar tu capacidad de generar pegamento con tu comunidad digital. 

El siguiente rosario es la caja de herramientas que nos da Internet. Selecciona cuáles te vienen mejor para tu vida privada y profesional. Crea una estrategia para cada red social y desarróllala según tus objetivos, los retornos de inversión (sobre todo en tiempo). La puedes monitorizar y mejorar. Si sólo quieres tener a tu familia en FB, perfecto. Si no quieres tener cuenta en TW, perfecto. Si no quieres compartir tus fotos, perfecto. Si sólo quieres ver los vídeos del resto de seres humanos, perfecto. Eres libre de pintar cómo será tu identidad digital. Cómo será tu pegamento con cada persona. Qué dirás, cuándo lo dirás y cómo lo dirás. Las amistades no se compran, aunque eres libre de comprarlas. Si te ha ido bien cuéntamelo. Si te ha ido mal cuéntamelo. De todo se aprende. En cualquier caso, no dejes que otros-as, terceras personas, te construyan tu comunidad digital. Cada fontanero tiene su caja de herramientas. 

Conjunto de Redes Sociales en 2014

Fotografía pegamento extraída de este portal

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EL PEGAMENTO SOCIAL NO SE COMPRA

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