Mi recomendación, en cualquier caso, es que una empresa o un directivo (marca personal) caigan nunca en emitir una falsedad. Es ese disolvente nocivo que haría desaparecer el edificio de su identidad digital, la construcción de su reputación. Bienes intangibles trabajados día a día, medidos, monitorizados, mejorados. Pero que pueden desaparecer con un simple pinchazo en el globo de la noticia falsa.